Siniestralidad vial en RD: Una tragedia prevenible que consume el 2.21% del PIB y cobra más de 3,000 vidas al año

Por Troi Orlando Espejo
Santo Domingo.- Cada año, más de 3,000 personas no regresan a casa en la República Dominicana debido a siniestros viales. Esta sangría humana, que se traduce en un gasto estatal del 2.21% del Producto Interno Bruto (PIB) y deja a más de 100,000 lesionados anuales, es el escenario que el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (INTRANT) busca transformar a través de su Taller de Manejo Defensivo, enfrentando una realidad donde el 69% de los fallecidos son usuarios de motocicletas.
En el marco de estas capacitaciones, el INTRANT bajo la dirección de el ingeniero Milton Morrison, enfatiza una distinción técnica crucial y es que la mayoría de las tragedias en las vías dominicanas no son casualidades, sino consecuencias directas de las imprudencias de los conductores y el irrespeto a las señales de tránsito.
El análisis del «Triángulo de la Siniestralidad» revela que el factor humano es el responsable del 95% de los incidentes. Aunque el estado del vehículo y las condiciones de la infraestructura vial (el factor «vial«) completan los vértices de riesgo, es la conducta de quienes están frente al volante lo que determina la seguridad en las calles. Por ello, el taller se enfoca en corregir los hábitos de los conductores como la vía más rápida para salvar vidas.
Las causas de esta crisis en el país son multifactoriales, destacándose el desorden generalizado en el transporte y las imprudencias constantes.
La pérdida del control del vehículo, el irrespeto deliberado a las normas de tránsito y las distracciones especialmente por el uso de dispositivos móviles lideran la lista de detonantes. Estos elementos, sumados a la velocidad excesiva y al consumo de alcohol o drogas, crean un entorno de alta peligrosidad.
El impacto social de estas cifras es devastador, pues los indicadores muestran que la siniestralidad no solo arrebata vidas, sino que deja una estela de discapacidad. Con más de 100,000 heridos cada año, el sistema de salud y la estructura familiar dominicana enfrentan una presión constante.
El dato de que casi el 70% de las víctimas mortales sean motociclistas subraya la urgencia de intervenir específicamente en este sector del transporte.
Desde la óptica económica, el costo de la imprudencia es asfixiante. El hecho de que el país pierda el 2.21% de su PIB en siniestralidad vial implica que recursos que podrían destinarse a educación o desarrollo se consumen en gastos hospitalarios, reparaciones de infraestructura y pérdida de años productivos de ciudadanos jóvenes.
La seguridad vial es, en consecuencia, un tema de vital importancia para la estabilidad económica nacional. La problemática presenta además una concentración geográfica marcada.
Siete demarcaciones han sido identificadas con los mayores índices de siniestralidad: Santiago, Santo Domingo, La Altagracia, San Cristóbal, Puerto Plata, La Vega y el Distrito Nacional. En estos puntos, la alta densidad vehicular y la falta de conciencia vial se combinan para elevar el riesgo de incidentes fatales de manera exponencial.
Un punto crítico abordado por la fuente (Observatorio Permanente de Seguridad Vial (OPSEVI), INTRANT y Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (DIGESETT)) es el incumplimiento de las normas básicas de protección. El informe revela que el 72.1% de los motociclistas no utiliza el casco protector.
Esta infracción no solo es la más común, sino la más letal, ya que deja al conductor totalmente vulnerable ante cualquier impacto, por leve que sea la colisión.
El cansancio al volante es otro factor silencioso pero mortal que se discute en los talleres. La fatiga reduce los reflejos y la capacidad de anticipación, elementos clave del manejo defensivo.
Los capacitadores del INTRANT instruyen a los participantes en la identificación de señales de agotamiento, promoviendo una cultura de responsabilidad donde el descanso sea visto como una herramienta de seguridad vial.
Con este ciclo de charlas que se desarrollan en todo el país, el INTRANT y el equipo de expertos que unidos a Morrison se muestran preocupados por la cantidad de siniestros viales, reafirman su compromiso de continuar con estos programas formativos para reducir la alarmante estadística nacional.
El objetivo es que cada ciudadano comprenda que el manejo defensivo no es solo un conjunto de técnicas, sino un compromiso ético con la vida propia y la de los demás, transformando el desorden actual en un sistema de movilidad segura y respetuosa.



