¡Todo el mundo tiene una pistola! Y ese es el verdadero retrato del país que estamos viviendo

Por: Sandy Cuevas.
Santo Domingo.- La República Dominicana está entrando en una fase peligrosa de normalización de la violencia armada. Ya no se trata de hechos aislados ni de conflictos puntuales: se trata de un patrón. Un fin de semana más deja muertos a tiros, mujeres asesinadas por exparejas, jóvenes baleados en plena vía pública y barrios donde las armas circulan con una facilidad que debería escandalizar a cualquier autoridad seria.
Pedro Brand, la avenida Independencia y otros puntos del país no son excepciones: son síntomas. El verdadero problema es que hoy demasiadas personas caminan armadas, muchas con pistolas ilegales, sin control y sin consecuencias. La sensación en la calle es clara: cualquiera dispara, y casi nadie paga el precio.
Mientras tanto, el Estado responde con lentitud, explicaciones tibias y operativos que no tocan el núcleo del problema. No basta con hablar de “conflictos sociales” cuando el denominador común es la proliferación de armas de fuego. Negar la magnitud de esta crisis es convertirse en cómplice de su expansión.
Un país donde la violencia se vuelve cotidiana es un país que empieza a perder el control de sí mismo. Y cuando la ilegalidad se normaliza, la autoridad se debilita y la ciudadanía queda a merced del miedo.
El mensaje debe ser claro: o se desarman las calles ahora, o la cifra de muertos seguirá creciendo hasta que la tragedia sea imposible de ignorar. La historia demuestra que las sociedades que toleran la violencia terminan pagando un precio mucho más alto. Todavía estamos a tiempo de decidir si reaccionamos… o si seguimos contando cadáveres.



